Cuando a alguien le preguntan que a quién le gustaría conocer, o con quién le gustaría pasar una velada, la gente en general suele decantarse por personajes como Obama, Gasol, Vargas Llosa, o algún artista de moda en el momento.
Yo lo tengo claro, hay personas con las que me encantaría cenar y charlar "amigablemente". Empezaría por el ingenioso arquitecto que diseñó la entrada del hospital Ramón y Cajal con sus diez fabulosos escalones. Diez. Ni uno más ni uno menos. Creo que al igual que yo, los cientos de pacientes con muletas, abuelitos artrósicos, personas en silla de ruedas y mamás con carritos de bebé que circulan por allí cada día también quieren cenar con él. O con su madre, de la que también se acuerdan con frecuencia.
Otro con una personalidad interesante es el decorador del centro comercial Plaza Norte 2 de Madrid, más conocido como "La Cúpula". Para quienes no lo conozcáis os diré que no le falta detalle. Tiene gigantescas lámparas colgantes de un dorado que deslumbra. Pasamanos dorados. Barandillas doradas. Columnas bicolor que imitan pirulíes. Además destacaría su gusto por el arte mortuorio, no en vano los bancos son como lápidas y los "jarrones" parecen contener las cenizas de algún fallecido. Fallecido que seguro se suicidó al ver semejante pastiche. Yo que él, me lo haría mirar.
Mientras que con Obama conversaría sobre la situación mundial, o criticaría a los Amigos del Rifle, con el arquitecto que proyectó la facultad de Derecho de la UAM charlaría sobre los beneficios de la luz natural. Porque su idea de poner las ventanas en los pasillos y dejar las aulas interiores es una idea brillante!! Tan brillante como las bombillas que hacen que, tras varias horas de clase, salgas con los ojos como achinados, y un dolor de cabeza que te dura desde Primero hasta Cuarto, repeticiones incluídas. Sólo le puedo decir: Olé. Bravo por usted y por la gran ventana que seguro preside su estudio de Arquitectura.
Pero no sólo me gustaría conocer a grandes personalidades como las ya mencionadas. Si yo soy muy del pueblo llano. Qué no daría yo por tomarme un cafelito con el electricista que dejó conmutadas algunas de las luces de mi casa. No sabe lo que nos divertimos mi marido y yo jugando con los interruptores a ver quien consigue encender la lamparita de los... en fin, que muy manitas, muy majo, muy agradecida le estoy.
Y ya por último, no quiero alargarlo mucho más que me estoy notando un poco ácida hoy, mando un saludo desde aquí al ingeniero lumbreras que decidió que nuestro mini-parque tenía que tener nada menos que tres salidas y que una de ellas diera directamente a unas escaleras por las que descalabrarse nuestros niños. Y que si sobreviven a la escalera no pasa nada, porque inmediatamente después hay una calle por la que no dejan de pasar coches. Así, ¡bien pensado! que la vida de los padres, sobre todo la de quienes tenemos dos hijos a los que vigilar y mantener con vida, es demasiado sencilla, y nos viene bien un poco de emoción que si no nos atocinamos.
Qué buenas charlas me iba a pegar con todos ellos, qué a gustito me iba a quedar...





















