Mostrando entradas con la etiqueta vecinos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vecinos. Mostrar todas las entradas
jueves, 2 de octubre de 2014
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Cactus y más desdichas
En nuestra última junta de vecinos, aquella en la que fui felizmente investida presidenta de la comunidad, los presentes tuvieron la genial ocurrencia de decidir poner cactus en el portal tras sufrir un par de intentos de robo de las anteriores plantas.
Se creó entonces una comisión que se encargaría de elegirlos y comprarlos. Al poco me vienen con las fotos de los seleccionados.
¿Imagináis una aguja de hacer punto de esas kilométricas y afiladas? Pues así era la espina más pequeña del más pequeño de los que pensaban comprar.
Tras el telele fulminante que sufrí, intenté hacerles entrar en razón primero apelando al sentido común y posteriormente a la pedazo de querella que nos iba a caer cuando algún crío se ensartara en las púas cual brocheta de pollo a la parrilla. Así que se disuelve la comisión de compra de cactus y me toca buscar alguno menos agresivo a mí solita. Qué gran sabio Felipe González cuando hablaba de la soledad del poder...
Tras buscar y rebuscar por internet encuentro unos cactus la mar de rebonitos y para nada hostiles y se lo comento a uno de los miembros de la extinta comisión.
- ¿Pero dan miedo? Pregunta mientras a mí se me levanta la ceja hasta más allá de la línea del flequillo.
- Pues no, cenutrio, me hubiera gustado añadir. Y ahí está la gracia, en que no dará miedo tocar el timbre de la puerta, ni acercarte al buzón a recoger el correo, ni ver a tus hijos corriendo por el portal, que bastante miedo da la vida ya de por sí, bastante miedo dais vosotros, añadiría, aunque lógicamente, y por ser tan mal momento para vender nuestra casa y organizar una mudanza exprés, esos pensamientos los guardo para mí.
Pero mis desdichas no acaban en tener que encontrar unos cactus no letales, ni en convencer a una pandilla de vecinos jugando a equipo actimel contra los pequeños hurtos comunitarios. No. Como soy una presidenta olvidadiza y encima no tengo a una Soraya que me lleve los asuntos, por supuesto desconozco qué días viene el jardinero y me planto el día previo a la entrega de los cactus con las jardineras llenas de las plantas anteriores y por supuesto un montón de tierra que hay que quitar.
Volcar las jardineras no es una opción ya que son de piedra y eso no hay Hulk que lo mueva. Hacerme la sueca tampoco, puesto que me dijeron expresamente en el vivero que necesitaban los tiestos libres. Suerte que soy una persona con recursos y poca vergüenza, porque allá que me planté en el portal con la palita de playa de mi canijo, el cubito y toda mi santa paciencia. Que la imagen debía ser de foto. Quizás hasta puede que algún vecino me la hiciera de estrangis y ahora esté circulando a la velocidad de la luz por los wassaps del barrio. Igual hasta me piden la dimisión y todo como a la concejala de los Yébenes.
Aunque desgraciadamente, no me caerá esa breva.
PS. La foto es un cactus de tela hecho por Chiribambola. No dejéis de visitar su web para ver las cosas tan preciosísimas que hace esta chica.
lunes, 24 de septiembre de 2012
Mis vergüenzas al descubierto
Siempre he querido ser una mamá trendy, incluso cuando no sabía ni que se decía así. Me he esmerado en hacer muchas cosas monísimas para niños propios y ajenos, amigas cumpleañeras, familiares e incluso para mí misma. Me gusta ir mona y tener la casa mona y, en fin, todo lo que ser trendy conlleva.
Pero no siempre lo consigo, lo confieso. Vamos, ni siempre, ni casi siempre. Mis momenos antiglamurosos han sido y son sonoros de verdad. Y no siempre consigo esconderlos bajo la alfombra como me gustaría.
Me remonto unos años atrás, no muchos, y me visualizo con unos vaqueros recién comprados. Una que es paticorta de nacimiento aún no ha encontrado la talla exacta que le permita utilizarlos sin necesidad de subirles el bajo. Bueno, se me ocurre que unos piratas de una persona con largura piernil normal, quizás me fueran bien, pero es una opción que no he meditado en exceso. El caso es que, pantalón que compro, pantalón que irremediablemente lanzo a mi madre para que me lo suba. Pero ese día mi madre no está, y no va a estar en un corto medio plazo por lo que la solución más práctica que se me ocurre es: ¡grapar el bajo! Así, com lo oís. Con la grapadora cutre y oxidada de toda la vida. Lo juro. Y juro también por el blog Con Botas de Agua (el cual me encanta y espanta por partes iguales) que las grapas duraron y cumplieron su función durante años...
Un tiempo después descubrí el pegamento de tela, que también me ha salvado de alguna que otra, pero si vuestra madre es realmente trendy, de las de verdad, no de las de boquilla como yo, y no queréis hacerla convulsionar, no utilicéis ninguno de los dos sistemas. Por favor.
Pero grapar bajos no ha sido mi único momento estelar. Tengo más, muchos. Hay otro que me encanta (y que se repite periódicamente para mi horror) que es un tanto escatológico. Soy sociable y parlanchina por naturaleza, así que me gusta charlar con quien se tercie. Segundo factor, soy paseadora de un amigable perro pastor alemán. Y aún tenemos un tercer ingrediente, soy cívica, es decir, recojo todas y cada una de las cacas que produce. Pues en el trance de recoger la caca y depositarla en la papelera más cercana, me suelo encontrar con personitas que me hablan, y contesto, claro, a veces hasta charlo alegremente largo y tendido con la bolsita de caca en la mano, sujetándola por el nudito y rezando a todas las deidaes porque sea de una calidad moderada y no se rompa en ese momento...
Pero el colmo de mis anti-trendismos (sí, increíble, he conseguido superar el de la bolsa de caca) me ha llegado al asumir la presidencia de mi comunidad. Yo he intentando dar al cargo toda la dignidad posible metiendo todos los papelotes y documentos en una bolsa de tela de lo más molona, llevo dentro un boli de Ágata, para cuando tengo que firmar un recibo o un cheque, no sea que me toque firmar con un triste boli bic, pero haga lo que haga, no importa cuánto me esmere, todo se ve reducido a cenizas cuando pienso en el dinero de caja de la comunidad. Sólo os mostraré una foto y no añadiré nada más. Por pura vergüenza.
Y después de esta deshonrosa confesión, y pensando que aún me quedan unos meses de vivir con semejante agravio, antes de tirar al vacío y para siempre la fama de "apañá" que me ha costado tanto conseguir en esta blogosfera, voy a hacer un sorteo que compense tanto dolor. Y las normas son de lo más sencillo. Basta con dejar un comentario en este post. Que no hace falta que me sigáis, ni nada de nada. Un comentario y la forma de contactar por si resultas elegido.
Dejo hasta el próximo domingo día 30 de septiembre a las doce de la noche para que la gente se manifieste y el lunes pongo a uno de mis pequeños inocentes a elegir al premiado.
miércoles, 23 de mayo de 2012
La nueva Obama
Como si ya tuviera pocas actividades, responsabilidades y quehaceres, dentro de unos días me veré obligada a añadir una más a mi lista. Y si se tratara de una nueva función amena o creativa, si me fuera a aportar algo interesante, o al menos me fuera a divertir un poco... pues bueno, pero no, nada más lejos. Es una tarea ingrata que estoy segura me va a levantar más de un dolor de cabeza: Me toca ser presidenta de mi comunidad. Buf. Buff. Bufffffffff.
Tengo que reconocer, aunque con cierta vergüenza, que soy de las que nunca baja a las reuniones de vecinos. Unas veces porque no tengo tiempo, otras porque se me olvida y otras, las más, porque francamente, no me apetece.
Treinta personas discutiendo y dándole vueltas a
lo mismo una y otra vez, me pueden, la verdad. Ojo que soy coherente y asumo mi
actitud pasiva aceptando sin rechistar lo decidido y pagando religiosamente
cada cuota, cada derrama, cada gilipollez.
Y claro, al no bajar a las reuniones estoy
desentrenada y el cargo me va a venir grande, lo sé, lo veo venir. Me va a
faltar soltura a la hora de rebatir los argumentos del que siempre se niega a
todo, no tendré reflejos para frenar al de las propuestas disparatadas, ¿podré
con la que siempre se queja de la limpieza? ¿y si se me rebelan ya el primer
día? Bueno, con un poco de suerte me gritan todos al unísono ¡dimisión!...
aunque prefiero no hacerme ilusiones...
Sólo cuento a mi favor con que he chupado mucho
"La que se avecina" y bueno, digo yo que algo habré aprendido...
En próximos capítulos os contaré cómo ha sido el
traspaso de poderes, aunque no podrá ser más subrealista que el que me
acaba de contar una amiga que año tras año ve cómo en su comunidad, a
modo de investidura y coronación, el presidente saliente le pasa al entrante,
con toda la solemnidad que el acto requiere, las carpetas de documentos dentro
de una mugrienta bolsa del decathlon a la que ya le falta un asa...
Espero que no me pasen a mi una bolsa de esas,
porque me tocará asistir a las infumables reuniones y poner buena cara, tendré
que aguantar a vecinos coñazos que me den la brasa en el portal, aguantaré
llamaditas los domingos temprano por averías, accidentes o descalabros varios, solicitaré presupuestos, discutiré con el del banco, lo que sea, pero una cutrez semejante, venga hombre, que yo antes muerta que poco trendy! Hasta ahí podíamos llegar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


