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viernes, 29 de julio de 2016

5. 5 ya.



5 cosquillitas en tu espalda al despertarte.
5 segundos tardas en devorar el colacao.
5 veces te meto prisa para salir de casa a tiempo.
5 deditos me agarran la mano por la calle.
5 besos al dejarte en el cole.
5 suspiros al pedirme que me quede contigo.
5 veces te echo de menos en el trabajo.
5 cosas me cuentas de forma atropellada al recogerte.
5 bocatas merendarías del hambre con que sales del cole.
5 canciones nuevas me cantas mientras sacamos a Leia.
5 peleas con tu hermano por la tarde.
5 carcajadas juntos.
5 juegos distintos antes del baño.
5 juguetes en la bañera con bien de espumita.
5 minutitos más...
5 croquetas.
5 cerezas.
5 cucharas o vasos que se caen durante la cena.
5 cuentos querrías que te contara cada noche.
5 veces me pides que vaya a darte abrazos al acostarte.
5 viajes a tu cama para verte dormir.

Felices 5 pequeño.




domingo, 24 de julio de 2016

Reflexiones de verano...

... o el día que Dani hizo que Darwin se revolviera en su tumba...




martes, 28 de julio de 2015

Ese loco bajito...

Mañana cumple cuatro años uno de mis locos bajitos. El más loco y más bajito, para ser más exactos. Cuatro años. No imagináis lo increíble que me resulta. Ya sé que es un topicazo, pero es que realmente me parece que fue ayer cuando nació. 

En estos cuatro años ha sabido hacerse su propio hueco, a pesar de que todos sabemos que ser el segundo es un asco. Con sus ojazos azules y su pícara sonrisa ha sabido ganarse sus propios títulos. No cabe duda de que es el comediante de la familia, a muecas no le gana nadie, ni a payasadas, ni a golpes que nos dejan a todos con la boca desencajada de la risa. Aunque también es el campeón de la furia y la cabezonería. 

Pero bueno, así son las grandes personalidades, intensas hasta el extremo. Es el que más ríe y el que más llora. El que más disfruta, el que más se aburre, aunque también el que más cede y el que mejor comparte. 

Las circunstancias de la vida han querido que mañana no tenga un macro cumpleaños como otras veces, pero tendrá lo que para él es realmente imprescindible: la risa fácil de su hermano, alguna chuche y unas velas para soplar. Y para qué queremos más.

Felicidades pequeño.  


viernes, 17 de julio de 2015

Natación

No es la primer vez que os hablo de las clases de natación de mis hijos. 

Dos días por semana, repito, dos días por semana, tooodas las semanas de tooodos los meses del largo, larguísimo curso. Nada más y nada menos. Más de ochenta veces preparando las mochilas el día anterior, organizando las meriendas, corriendo de acá para allá, sudando en el vestuario (dios, qué horror el momento vestuario), poniendo bañadores, colocando tapones, ajustando gafas, saludando por el cristal, buscando chanclas en objetos perdidos, deshaciendo mochilas, lavando bañadores, tendiendo toallas... Todo multiplicado por dos.

Un infierno en vida.

Pero entonces llega el verano y ves como tus dos micos se tiran a la piscina sin miedo, disfrutando del agua y nadando cual pececillos, y tu mente hace un flasheado que te obliga a reconocer lo que es, sin duda, evidente: el esfuerzo merece la pena.



jueves, 26 de febrero de 2015

martes, 30 de diciembre de 2014

Foto del año 2014

Si tuviera que elegir una única instantánea de este año me quedaría con ésta, sin duda.  Ha sido una constante este 2014 y es mi deseo para 2015. 


Miguel haciendo el mono provocando un Dani muerto de risa.

¡Os deseo que tengáis muchas escenas así en el 2015!


sábado, 4 de octubre de 2014

miércoles, 24 de septiembre de 2014

lunes, 22 de septiembre de 2014

Cosas que nunca cambiarán...

por muchas décadas que pasen...




jueves, 18 de septiembre de 2014

lunes, 18 de noviembre de 2013

¡Hola bombero!

Anoche tuvimos fuego en el edificio. Mis hijos no han tenido una noche tan emocionante en su vida. No había forma de sacarles de la terraza desde donde se veía perfectamente el despliegue de bomberos, SAMUR, policía... 

Ataviados con sus anoraks por si había que evacuar rápido, así se pasaron la hora larga que duró el espectáculo...


lunes, 30 de septiembre de 2013

Primera noche juntos

Por fin hemos pasado a canijo-junior a la habitación de canijo-senior.

Horrible.


miércoles, 25 de septiembre de 2013

Cómo es mamá

Uno te lleva hasta el coma hiperglucémico y el otro te rescata de él. Así son ellos.



viernes, 20 de septiembre de 2013

lunes, 1 de julio de 2013

Nuestro Dylan particular...

Justo antes de dar por finalizado el curso fuimos convocados a una reunión de padres en la clase de Dani. Teniendo en cuenta que en casa le llamamos cariñosamente el Dothraki, yo iba, cuando menos, dispuesta a sentarme en una esquinita, estar muy calladita y negar cual San Pedro que ese salvaje fuera mi hijo. 

Pronto salió el tema de las manos voladoras, los mordiscos recurrentes y la gran novedad de este año, el trending topic de las relaciones fraternales en mi casa: los tirones de pelo.

Cuál fue mi sorpresa cuando, no sólo ni la profesora ni ninguno de los demás padres lanzaron su mirada acusadora hacia mí, sino todo lo contrario, pues tales juergas se ve que no se estilan sólo en mi salón, sino que son el día a día de la clase de mi dothraki, digo, mi pequeño. Vamos, que todos le dan al valetudo

Es más, descubrí, completamente atónita, que mi hijo lejos de ser el matón de la clase como yo me temía, es  sin duda, el más popular. Así, como lo leéis, como los guapos de Sensación de Vivir en nuestros tiempos mozos. Todos quieren jugar con Dani, todos quieren abrazar a Dani, y por las tardes, en sus casas y en sus parques, siempre tienen a Dani en la boca.

Y para que realmente me creáis, os contaré que el otro día saliendo con los dos canijos de natación, y llevando Miguel, el mayor, una camiseta de la Escuela, oí cómo un padre le decía a su hija señalándole: 
- Mira Paulita, ese niño es de tu Escuela. ¿Sabes cómo se llama?
- Pues ese no, pero el otro, el más pequeño sí, se llama Dani....

Ay Señor, nos ha salido un Dylan en la familia!


martes, 18 de junio de 2013

Felizmente premiados

Hace tiempo tuve la gran suerte de que Bego, del blog Begobolas y Vanina, de Vaninas Blog, me pasaran el premio "Felizmente Premiado". Me hizo muchísima ilusión porque no es el típico premio. Este mola porque es para los verdaderos protagonistas del blog: mis canijos.


Y así son ellos... 





Entre los canijos y yo por unanimidad hemos decidido dárselo a:

- Pequeño M y Pequeño J, los cachorros de Papalobo. Porque compartimos muchas cosas además de la edad.

- El Monillo. Porque es un chow, como su madre, nuestra querida amiga Peineta.

- Eric. Porque ojalá algún día tengamos la mitad del amor por los libros que él siente. Y porque su mami es un solete. 

- Pandereta. Porque tenemos ganas de conocerla en persona, si es tan maja como su madre, seguro que nos cae bien!

Y éste es el post originario, por si queréis echarle un ojo.

lunes, 26 de noviembre de 2012

A ver qué ha hecho ahora...

Mi canijo mayor siempre ha sido buenísimo. Desde pequeño han sido raras las travesuras que ha hecho. En eso ha salido a mi, que era tan buena siendo niña que mis tías me dejaban jugar con huevos!. Me podía pasar media tarde metiendo y sacando huevos de una cesta con todo mimo y cuidado. Y ni una baja. Ni una.

Pues bien, demasiado confiados estábamos en que el pequeño nos saliera igual de santo. Ilusos. Éste apunta maneras y además a pasos agigantados. En sólo un par de semanas hemos tenido más avisos que en los casi tres años del mayor. Porque, todo hay que decirlo, de momento sólo han sido avisos, cuando la cosa se ponga seria ya me veo llamando a Super Nanny.

Tenemos por casa sus quinces meses, sus seis dientes y una muela y sus nueve kilos con seiscientos gramos pensando todo el tiempo en qué será lo que le proporcione un buen rato de diversión. Porque la diversión no radica en lo que hace, que en general se decanta por acciones facilonas y rápidas, el cashondeo está en vernos a nosotros resolver sus peripecias... 

Si me miro a los pies, veo dos botas grises, una de ellas lleva un precioso cordón gris a juego, no en vano venían juntos en la misma caja, pero en la otra, oh, sorpresa, llevo un cordón anaranjado. Yo no soy de crear tendencias, tampoco daltónica, el motivo de llevar un cordón naranja es que mi pequeño terrorista quitó de la bota el original y decidió esconderlo. ¿Dónde? Si lo supiera obviamente no estaría como estoy. Así que hasta que lo encuentre o tenga tiempo para ir a comprar otro (que será lo más probable), me toca ir de esta guisa.

Martes por la tarde. Estoy en casa con los canijos y no encuentro el móvil. Me llamo desde el fijo y creo oírlo pero como leeeeejos, leeeeejos. Intento seguir el rastro pero es difícil porque apenas se escucha y encima estos dos están montando un pifostio de campeonato. Diez minutos buscando. Diez minutos de los de reloj. Llegué a mirar dentro de la nevera por si lo había metido por error. Hasta que veo que el pequeño se acerca a la lavadora con el mando en la mano, con intención de meterlo dentro. Si, en efecto, para que le hiciera compañía a mi móvil! Le freno y rescato el teléfono sano y salvo, aunque creo que con tanta tensión he perdido un par de kilos. 

El otro día fuimos de compras. Los dos peques y yo. Esto debería ser considerado deporte de alto riesgo, que me río yo del Calleja y sus tiburones, ja! en la Vaguada con dos canijos le quería yo ver, eso sí es un Desafío Extremo y no sus fruslerías! Por supuesto en las tiendas lo tocan todo. Es agotador. Pero ya el colmo fue que en una tienda de complementos el pequeño no se conformó con ir tocando todo lo que alcanzaba desde su sillita, el colmo fue que se colocó un collar!!! Encima de tocón, chorizo!!! Con tan mala suerte que encima rompió el cierre y claro, no me quedó otra que comprarlo, por más cara de madre desquiciada y al borde del infanticidio que le puse a la dependienta. He de decir en positivo, que por lo menos el niño tiene buen gusto, y el collar fácil arreglo. 

Lo que me preocupa es que de momento son trastadas graciosas, que nos hacen reír sin graves consecuencias. Lo que ocurra cuando esos quince meses, seis dientes y una muela y esos nueve kilos con seiscientos gramos aumenten, eso amigos, prefiero ni pensarlo. 










lunes, 27 de agosto de 2012

A lo mejor están los muñecos...

Bueno, pues ya lo podemos decir: prueba superada. Hemos ido de vacaciones a la playa con los dos canijos y hemos conseguido regresar todos sanos y salvos. Pensándolo mejor, dejémoslo en salvos, porque nos hemos venido con raspaduras varias, algún que otro moratón, un pellejo levantado y una buena otitis. 

Pero no todo han sido heridas de guerra. Lo que más hemos tenido estos días, para qué negarlo, ha sido... diversión!!!! 

Las olas no le han molado mucho al mayor, pero al pequeño le han chiflado. Diez kilos de inconsciencia y valentía directos al mar y media playa muerta de risa al verle pasar gateando a toda mecha hacia la orilla. Una vez allí, lo mejor de lo mejor, meter la cara para beber agua. Que hay que ver lo mala que está el agua del mar, pues nada, todos los días a echarse sus traguitos.

El pequeño no sólo se nos ha aficionado al agua salada y a la destrucción masiva de cualquier creación arenil, también se ha vuelto un yonqui de la comida. Es ver comida, sea lo que sea, y empezar a emitir unos ruidos extrañísimos del tipo "ñaaaaaaaaa, ñaaaaaaaa", a la vez que grita y ríe en una bipolaridad que asusta un montón. Hasta tal punto ha llegado su endrogamiento por la comida, que yo me he descubierto en ocasiones comiendo a escondidas para no provocarle... Lo que nos faltaba.

Pero el que ha triunfado ha sido el mayor. Ese sí que se lo ha pasado pipa. Es verdad que como os decía las olas no le han gustado demasiado pero el jugar con la arena, recopilar almejas (como él llama a las conchitas), hacer agujeros en la orilla, echar de esos agujeros a su pequeño hermano invasor, pasar horas y horas en la piscina, los columpios, los paseos vespertinos, bucear haciendo el tiburón, ver castillos de arena, bailar la samba de la peli Río... para todo pedía siempre un ratito más.

Y así como la frase  del pequeño se limita a esos sonidos guturales que os comentaba, la frase estrella del mayor ha sido, sin duda: "A lo mejor están los muñecos".  Daba igual a dónde fuéramos, a la playa o a la piscina,  al mercadona a hacer la compra, al parque o a jugar con su amiga Cloe, toda su ilusión, mañana, tarde y noche, era que viéramos los muñecos, unos títeres espantosos que repetían su horrible función día tras día en el paseo marítimo. Así que, según salíamos por el portal de casa, ya nos sonreíamos esperando el consabido "a lo mejor están los muñecos" y nunca, nunca, nos dejaba con las ganas. Cansino y tierno a partes iguales.

Para nosotros también han sido unas buenas vacaciones. Se nos va notando ya una cierta veteranía. Cada vez llevamos menos "porsiacas" y ya somos capaces de bajar a la playa con una única bolsa y una sombrilla. Como diría mi amiga Natalia de Vaninas Blog, hemos tenido muchas "b", alguna que otra "c" y  casi ninguna "a", un resultado más de que digno!

Y para demostraros lo que es la felicidad infantil, cómo nuestros peques ven el mundo desde sus ojillos optimistas e inocentes, la noche que volvíamos, en el parking del área de descanso, me dice el mayor contentísimo, "mira mamá, mira qué mariposa". Miro hacia donde señala y veo un enorme y horroroso murciélago negro como un tizón revoloteando en una farola.  

Quién pudiera volver a ver con esos ojos, verdad?


domingo, 29 de julio de 2012

Un año de amor


Me hubiera gustado escribir un larguísimo y ñoñísimo post para celebrar tu primer cumpleaños. Quería recordarte cómo llegaste a la vida una mañana bien tempranito, con los ojos muy abiertos y mucha mucha hambre. Cómo desde el primer día fuiste un niño buenísimo. Cómo has aceptado todos los cambios sin rechistar, adaptándote a todo sin una queja ni una lagrimilla. Quería contarte, con palabras tiernas y bonitas, la pena que sentí al dejarte en la guarde el primer día. También lo mucho que te quiere tu hermanito, lo bien que ha aceptado tu llegada y lo mucho que le gusta jugar contigo y hacerte reir.

Quería escribirte lo bien que nos haces sentir cada vez que te miramos a esos preciosos ojazos, que son como mirar hacia el mar. La risa que nos da ver tus dientecillos de conejo cuando sonríes, o ese cuerpecillo blanquito como la nieve.

Pero ya sabes que a mí los relatos moñas no me salen. Aunque lo intente, o puede que precisamente por intentarlo, no me salen.

Así que te voy a contar, a mi manera, por qué llevo un año enamoradita de ti. 

Me tienes loquita porque si fueras un juguete, serías un peluche achuchable, como los que a ti te gusta abrazar para dormir. Porque cuando estás que te caes de sueño y te pones un poco pesadito... nada como plantarte un muñeco sobre la cara cual alien enganchado a ti. Infalible, caes rendido.

Me gustas porque si fueras un animalito, serías una mezcla de mono por lo simpático, de tigre por lo valiente y de koala por lo tierno. Hasta tendrías un poco de largartija por lo que te revuelves cuando te cambiamos.
Si fueras una comida serías una comida casera, de esas hechas con cariño, tiempo y paciencia. De las que no te importa repetir al día siguiente y que, al verla, te dan ganas de mover los brazos y las piernas a lo loco, como haces tú cuando tienes hambre y ves llegar el puré, o incluso ponerte a gritar sonidos imposibles si ves que sirven primero a otro....

Me encanta pensar que, si fueras una estación, serías el otoño. Días tranquilos que pueden tornarse desapacibles en cuestión de segundos... Como cuando a ti te quitan un juguete, algo no te sale como esperas, o tu hermano se interpone en tu camino y dejas libre al geniecillo que llevas dentro y esa fuerza bruta que tu cara de angelito esconde. Que estás hecho un torete... Pero lo mejor de todo es que, al igual que un temporal en otoño, en cuanto acaba, y acaba rápido, la calma lo invade todo...


Si fueras una ropa, serías una bufanda de lana calentita y con olor a suavizante de esas que te reconcilian con el frío y ajustas mucho mucho al cuello para sentirla bien cerquita.

 Me gustas porque si fueras un lugar, serías un campo con mucha luz, amplio horizonte y suave brisa, al que siempre apetece ir, sea el día que sea, y aunque tardes horas en llegar.


Estoy enamoradita perdida de ti porque me chifla tu manita diciendo hola, tus conversaciones metralleta  "ta-ta-ta-ta-ta" y tu capacidad para volverte imprescindible.

Por todo eso, por cómo has llenado nuestras vidas y por tantísimas cosas, entenderás, como dice la canción... en un solo momento, qué significa... un año de amor.



lunes, 9 de abril de 2012

¿No es un asco ser el segundo?

Cuando vas a tener un hijo, el primero, todo te parece poco: Cantidad, calidad, diseño, seguridad... lo quieres todo para tu pequeñín, y para conseguirlo, inviertes horas y horas en navegar por la red buscando lo mejor. No dudas en preguntar a familiares, conocidos y a todo aquél que se preste sobre carritos, cunas y chupetes.
Eliges una ropita monísima, la lavas con todo cuidado en un jabón especial para bebés. Cortas con esmero cualquier etiqueta que pueda causarle el más mínimo roce... lo que os decía, todo te parece poco.Con el segundo la cosa cambia un poco... 

Para empezar, casi no compras nada porque el segundo es nombrado, desde su concepción, Heredero Universal del hermano mayor. Lo hereda todo, pijamas, bodies, chaquetas... da igual que el tamaño no coincida con la estación, si en invierno el anorak del hermano le queda un tanto grande, se "arremeten" un poco las mangas... ¿que las camisetas le quedan como un chorizo embutido? Pues más mono que le encuentras así, marcando lorcitas...
Por supuesto hereda carrito, hereda silla para el coche, hereda trona (y con ella hereda alguna que otra mancha que no salió en su día), hereda sábanas, toallas, mantitas, hamaca, bañera...
¿Para qué vas a comprar juguetes si el hermano mayor tiene tropecientos que ha dejado "nuevos"? Empiezas a darle un nuevo sentido al concepto "nuevo". Nuevo ya no es nuevo, nuevo es  que aún se puede utilizar sin resultar peligroso para la integridad física de nadie. Qué mas da que no tenga el mismo lustre que en su estreno o que haya perdido un ojo, una rueda o un poco de color...Si no le puede dañar, al segundo le basta y le sobra.
Y es que los segundos son unos auténticos supervivientes. Sobreviven teniendo la mitad de atención, la mitad de los cuidados, la mitad de las medidas de seguridad, y eso en el mejor de los casos. Con el mayor esterilizas hasta las esponjas, el segundo tiene suerte si alguna vez le esterilizas una tetina. Cuando el mayor tenía unas decimillas de fiebre se encendían todas las alarmas y era debida y urgentemente atendido por personal cuilificado, vamos, por su pediatra. Cuando el segundo tiene fiebre entras, por fin, en el Club de los verdaderos padres: sucumbes a la automedicación. El mayor no lloró nunca más de unos minutos sin ser atendido, el segundo... en fin, que alguna que otra vez le toca esperar...
El día de mañana verá que su hermano mayor tiene cientos, qué digo cientos, miles de fotos de cuando era un bebé, unos vídeos geniales, que fue a matronatación cada sábado durante un larguísimo año y medio, que le enconjuntaban mejor, que nunca salía de casa sin colonia, que hacía "uuh" y tenía a tooooda la familia encima escudriñando a ver qué le pasaba, que le hacían un masajito cada noche después del baño... verá todo eso y quizás sienta un poco de envidia.
Pero también verá que su hermano mayor, el envidiado, no tuvo un divertido pitufo de ochenta centímetros a su lado desde el primer día, no tuvo una carita sonriente mirándole cada mañana y diciéndole con voz de muñeco... "no llodes, no pasha nada", tampoco tuvo unas manitas regordetas que jugaran con él a quitarle el chupete... Y a la larga, aunque en ciertos momentos sienta un poco de pelusilla por lo que le faltó, se acabará dando cuenta de que todo eso es mucho más molón que el simple olor a nuevo de un pijama.