De nuevo me decanto por un escritor español: Luis Landero.
El escritor nos narra, en tono autobiográfico y de una forma deliciosa, cómo fue su infancia en tierras extremeñas y su primera juventud en un popular barrio madrileño.
Con un estilo impecable logra trasladarnos a la increíble, a la par que durísima vida en el campo allá por los años cincuenta. Todos los sacrificios, carencias, padecimientos... que él, desde sus recuerdos de niño, rememora con auténtica nostalgia.
Me encanta la descripción que hace de sus familiares, gente curtida por tanta dureza, los lugares, las situaciones. Cómo conseguían ser felices con tan poco.
Hay una parte del libro que me ha resultado especialmente emotiva. Cuando se arrepiente de no saber más sobre la infancia de sus padres, de no haberles preguntado lo suficiente cuando tuvo ocasión, de haber desaprovechado demasiadas conversaciones en torno a un buen brasero.
En definitiva es un libro tranquilo, sin una acción trepidante, ni un ritmo que te deje sin aliento, pero es, sin duda, un libro que te deja un poso difícil de olvidar.



















