jueves, 5 de mayo de 2011

Nuestro Pirata

 Era feucho, esmirriado y bailón y, como le decía una amiga de la familia "de un salvajismo total", pero a la vez era el pajarraco más listo y simpático del mundo. Después de más de veinte años con nosotros hoy ha muerto y quiero pensar que ha tenido una vida muy muy feliz.
Vino desde África cuando sólo era un pollito, y por lo que cuentan, daba ya unos picotazos de cuidado...
Después pasó por varias familias; el pobre, parecía el protagonista de un culebrón tipo Heidi o Marco, hasta que dio con la que por muchos años fue su dueña, Ángela, y con quien convivió felizmente compartiendo más de un secreto... (porque esos pedetes que se tiraba ¡¡ juro que no los aprendió en casa !!)
Allá por los noventa llegó a nuestras vidas para quedarse y desde entonces ha vivido con nosotros como un miembro más de la familia.
No tendría espacio en este blog para contaros todas las cosas que hacía y decía, desde silbar el himno del Madrid, hasta el ruido de batir un huevo. Todo con una precisión y un oportunismo que a veces asustaban... Echaremos de menos esos tacos tan graciosos y con los que rara vez nos deleitaba, esas palmas, esa risilla de bruja o esos estornudos y toses tan pronto veía un kleenex. Yo puedo afirmar con rotundidad que jamás me he ido de casa sin que alguien me dijera "adiós", y ese alguien tan atento era nuestro Pirata, que tan pronto oía unas llaves se despedía gentilmente.
Hoy es un día triste para nosotros, pero estoy segura de que no lo será para él, seguro que se ha reencontrado con su familia guineana, con su Ángela y su "Alida", y con ellos estará comiendo pipas y dejándose crecer, por fin, esas bonitas plumas rojas...

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