viernes, 17 de julio de 2015

Natación

No es la primer vez que os hablo de las clases de natación de mis hijos. 

Dos días por semana, repito, dos días por semana, tooodas las semanas de tooodos los meses del largo, larguísimo curso. Nada más y nada menos. Más de ochenta veces preparando las mochilas el día anterior, organizando las meriendas, corriendo de acá para allá, sudando en el vestuario (dios, qué horror el momento vestuario), poniendo bañadores, colocando tapones, ajustando gafas, saludando por el cristal, buscando chanclas en objetos perdidos, deshaciendo mochilas, lavando bañadores, tendiendo toallas... Todo multiplicado por dos.

Un infierno en vida.

Pero entonces llega el verano y ves como tus dos micos se tiran a la piscina sin miedo, disfrutando del agua y nadando cual pececillos, y tu mente hace un flasheado que te obliga a reconocer lo que es, sin duda, evidente: el esfuerzo merece la pena.



7 comentarios:

  1. Lo peor! Ese momento vestuario, cuando llegas y han de entrar los dos, uno para solo 20 minutos (Bruno tenía 2 años), que cuando acabas de subir a la grada a verle ya te toca bajar a ducharle y cambiarle, a toda mecha porque hay gente esperando y porque el calor que hace dentro del vestuario es inhumano. Y cuando por fin lo tienes listo, subes empapada de sudor a la grada de nuevo, para acabar de ver a la mayor, que hace una hora de pisci, pero visto y no visto porque nada más subir toca bajar de nuevo y repetir operación.
    Era un horror! Este curso pasado ya no han ido. Marcela no quería más natación y ya no la he obligado porque sabe más o menos nadar, al menos para defenderse; y Bruno aún va a natación, pero los sábados por la mañana en el programa de inglés (Marcela hace tenis), y los profes-monitores se encargan de todo. Ahora en verano, los dos hacen natación en la escuela de verano, todos los días.
    Hasta que Bruno aprenda a nadar irá a natación sí o sí, pero una vez aprenda pues lo que él quiera; así lo hicimos con Marcela. Y no sabes cuánto agradecí no volver al polideportivo a la piscina; me he llegado a agobiar mucho. Pero como dices, el esfuerzo vale la pena, aunque para mí más que esfuerzo sacrificio, porque sola con los dos, imagino que como tú, con carreras porque además era nada más salir del cole, escopeteados, y teniendo Bruno 2 años en aquel entonces... Lo que te digo, lo viví como un horror jajaja.

    Besazos

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    1. Ostras! he escrito más de comentario que tú de post jajaja

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  2. Sí que lo es. Victor sigue agarrado como un koala a la escalera de la piscina y no hay manera pero por aquí hasta el curso que viene no lo puedo apuntar a natación...

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  3. a veces pienso que para haberme encantado la piscina es rarísimo que nunca vaya, es un regalazo el que le haces a los chicos!

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  4. Madremía, y tanto que merece la pena!!! Esun gusto verles nadar y disfrutar a ellos solos!

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  5. ¡¡Genial!! Yo debería atreverme a apuntar este año a los dos. Al mayor, con 3 años, para que aprenda a nadar, aunque no sé cómo llevará eso de bañarse sin mí, y al pequeño, para que no necesite meterse en el gua siempre conmigo, como le pasa al mayor.

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  6. Qué bueno!!! Yo las apunto este año, tras los miedos iniciales de la mayor. Aunque sabe nadar desde el año pasado, no tiene la seguridad suficiente.

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