
Un año en el que hemos podido elegir champús y cremas por el olor sin preocuparnos de nada más. Un año de comer fuera sin que a mí se me cortara la respiración con cada cosa que se llevaba a la boca.
Un año en el que he tenido que quitarme la manía de explorarle a fondo en busca de algún signo de reacción. Un año de no escudriñar etiquetas en el súper. Un año sin advertir a todo el mundo que no le tocara si había tomado algo con leche.Un año sin llamar a ningún laboratorio farmacéutico para saber la composición exacta de todo.
Un año de felicidad.