sábado, 10 de septiembre de 2011

Un día de mierda

Con perdón, por supuesto, pero es que no podría titularlo de otra manera.
Sábado a mediodía, el canijo mayor ha tenido piscina por la mañana por lo que está totalmente agotado, ha comido y le hemos metido en su cuna para que se eche una merecida siesta.
Nosotros a la vez aprovechamos para comer, que la vida con hijos es así, tienes que utilizar los pocos ratos libres que te dejan para satisfacer necesidades básicas; y si toca comer a la una, pues a la una, y si toca a las cinco, pues a las cinco... pero a lo que iba, que me desvío... nosotros recién comidos con la modorra típica de un sábado por la tarde y ya con más de medio cerebro tumbado en el sofá. El papi que va al baño y de camino nota un ligero tufillo que sale del cuarto del niño... a medida que se acerca el olorcillo se va convirtiendo en olorazo y una vez dentro de la habitación resulta, definitivamente, pestazo.
Yo desde la cocina escucho un grito despavorido, casi como de terror que me hiela la sangre... me acerco corriendo al cuarto y ¡¡oh dios mío!! mis ojos no dan crédito... está todo lleno de... mierda!!!
Y que siento mucho ser tan soez, pero es que llamarlo "caquita", o "heces", o "popó" me resulta absolutamente imposible recordando como recuerdo lo que he tenido que ver esta tarde...
Tenemos la suerte de que nuestro canijo come muy bien, pero que muy muy bien. Es más, come divinamente frutas y verduras, y su santa madre, osease, yo misma, le aporta unos fantásticos cereales con bífidus que hacen que tenga un sistema digestivo perfecto para anunciar yogures activia...
Así que, entre lo bien que le funciona el instestino al mocoso, y que seguramente se pegó unos cuantos saltos en la cuna antes de dormir... aquello desbordó de tal manera que todo, (y cuando digo todo quiero decir todo) estaba hasta arriba de.... bueno, ya sabéis, para qué repetirlo más. Vamos, que sólo nos ha faltado pintar de nuevo las paredes, con eso os lo digo todo.
Las sábanas, la chichonera, los muñecos (el más perjudicado su elefante Lumpy, por si alguien tenía la curiosidad) , hasta los barrotes de la cuna... y por supuesto, él mismo. Que hasta los pelos, oiga, que por todas partes se había rebozado cual calamar a la romana.
Papi decide meterlo en la bañera, porque eso no tenía otro arreglo, varios aclarados hacen falta, que lo sepáis. Mami con todo a la lavadora y estropajo en ristre para fregar la cuna... Casi una hora para arreglar el temita, y, por supuesto, para darle mucha más emoción, el canijo pequeño llorando a grito pelao.. que si no todo resulta demasiado fácil...

Concecuencias: un canijo más limpio que un pincel durmiendo plácidamente en una habitación que ni Mister Proper la supera, una lavadora imprevista en marcha... y dos padres desvelados ya para toda la tarde!!! Si por algo lo he titulado un día de mierda...


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